TIME and BOOKS, Los bebés y la FÍSICA.

Time and Books sabe que los humanos venimos al mundo con unos conocimientos básicos sobre cómo se comportan los objetos y otras personas. Así, aunque no se nos instruye directamente sobre cómo se comportan e interaccionan otras entidades, somos capaces de ir más allá de la experiencia directa, y hacer inferencias basadas en poca o ninguna evidencia.

De tal manera que Time and Books interesado por las ciencias y su relación con los bebés, dispone de la revista Time Life Learning en la que se desarrolla un artículo respecto a la física, donde el objetivo es comprobar que los bebés comienzan a comprender este tema a temprana edad y que poseen un sentido innato para comprender cómo se comportan los objetos.

¡No, Time and Books no sostiene que un bebé de ocho meses esté en condiciones de calcular la trayectoria de una luna en torno a un planeta! Pero en la Universidad de Cornell, la psicóloga Elizabeth Spelke está descubriendo que los bebés, tan temprano como a los cuatro meses de vida, poseen un conocimiento rudimentario sobre cómo funciona, o debería funcionar, el mundo.

Spelke coloca a los tiernos integrantes del grupo bajo estudio frente a un teatro de titeres, donde les muestra una serie de acciones inesperadas: una bola parece rodar a través de una sólida barrera, otra da la impresión de que salta entre dos plataformas y una tercera simula flotar en el aire. Al igual que Karen Wynn con sus experimentos sobre matemática, Spelke mide la duración de la atención de los bebés y ha registrado intervalos más largos cuando ocurren acciones inesperadas que cuando ocurren las esperadas. También como Wynn, Spelke cree que los bebés deben poseer “un núcleo” de conocimiento – en este caso, sobre cómo se comportan los cuerpos físicos. Comenta Spelke: “A una edad en que los bebés no pueden hablar sobre los objetos, ni moverse a su alrededor, ni alcanzarlos para manipularlos o incluso analizarlos con claridad, parece sin embargo que reconocen donde está un objeto cuando ha abandonado su campo de visión, e infieren donde debería estar cuando aparece nuevamente.”

La idea de que los bebés poseen algún tipo de mecanismo innato – distinto de los reflejos como la succión, que desaparece con el tiempo – habría conmocionado a los precursores de las investigaciones sobre el desarrollo infantil, quienes sostenían, así como hay algunos que todavía lo sostienen, que el conocimiento es adquirido solamente a través de la experimentación. Pero la creencia de que existe un núcleo de conocimiento programado biológicamente es primordial en la investigación científica actual – no sólo en relación con las matemáticas y la física sino también respecto de otras aptitudes cognoscitivas. Por cierto, Mark Johnson, de Carnegie Mellon, piensa que la capacidad infantil de reconocer un rostro humano no es adquirida, como antes se creía, sino que está presente al nacer. Time and Books evidencia lo anterior, ya que al estudiar recién nacidos, en algunos casos a los 10 minutos de haber llegado al mundo, Johnson ha podido observar una marcada preferencia por las fotos de rostros a fotos de óvalos en blanco o con rasgos mezclados. Johnson opina que nacemos con un “modelo” inserto del rostro humano que nos ayuda a sobrevivir pues nos permite reconocer nuestra fuente de alimento.